Café Atlántico

Hay locales que sostienen tanta historia en sus paredes que no podría contarse entera en una vida. Mi abuela tomaba café en el Café Atlántico antes de casarse, cuando era perito mercantil, con sus compañeras de trabajo.

Tiene una ubicación perfecta. Tiene un glamour decadente maravilloso.

Ahora quieren venderlo a una famosa franquicia de cafeterías gringas, que dirían los mexicanos. Y es inevitable tener miedo de perder el alma de un lugar que lleva magia vintage entre las mesas.

Este año he acudido pensando si será la última vez. Veo a mi abuela mirándome por los cristales, riéndose con las amigas.

Me pido esa tosta de queso de cabra riquísima, un vino blanco y yo también le sonrió.

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