El Cápita o el sabor del mar

(Artículo mío publicado originariamente en una revista, como dicho artículo ya no aparece en dicha revista, lo publico en mi blog)

Agaete tiene encanto. Conserva esa belleza natural de cualquier pequeño pueblo marinero. Sus habitantes se han afanado en mantener el pueblo con su típica esencia. Muchas casas guardan la tradición de pintar las fachadas blancas y azules o con motivos marinos. Parte de Agaete pertenece al Parque Rural de Tamadaba, que es un espacio natural protegido. Además, el pueblo está íntimamente ligado a la Fiesta de La Rama, que se celebra en Agosto. Durante el festejo, los vecinos bajan desde el casco del pueblo hasta la ermita de la Patrona, acompañados de los “papagüevos” ( personajes que representan figuras del pueblo). Mi abuela, que era agaetera, siempre recordaba con cariño a los papagüevos y sus fiestas.

Así que, Agaete es un lugar bello, sencillo y tranquilo, donde pasar un rato es una invitación de lo más agradable. Lo ideal allí es comer productos del mar, obviamente. En varios restaurantes hay una buena oferta en ese sentido. Uno de mis favoritos es El Cápita.

El Cápita está situado sobre el mar, frente a la costa que albergó en su día el popular Dedos de Dios, un capricho de la naturaleza, que desafortunadamente, un temporal llamado Delta derribó en 2005.
El local es sencillo, igual que su carta. Las mejores mesas son las del fondo, frente a la entrada de la sala, simplemente porque dan a la cristalera sobre al mar. Es un restaurante familiar, de comida casera y sencilla. No debemos esperar ni más, ni menos que eso, y como tal merece la pena visitarlo. Su menú se basa en pescados y otros delicias del mar frescas, cocinadas de forma tradicional. Las raciones son generosas y se nota el sabor a mar, la frescura de la materia prima. Es mejor acudir con un grupo de gente y con hambre.
La primera vez pedimos una bandeja de pescados y calamares. Riquísimo. La segunda vez llegamos tarde, eran más de la tres de la tarde, estaba la sala llena y algunos comensales incluso terminaban de almorzar. Nos apetecía arroz, pero preguntamos por esa posibilidad, porque era tarde en cocina, y el arroz lleva su tiempo. Nos sorprendió positivamente que la señora que atendía nuestra mesa nos respondiera que no había problema. Así fue. Nos sirvieron nuestro arroz caldoso marinero, que estaba en su punto. Pedimos luego un postre casero y café. Pasaban ya, en ese momento, las cuatro y media de la tarde y apenas quedaban comensales. Aún así, el personal fue atento y rápido durante el servicio.

Tengo ganas de regresar una tercera vez. Tengo tres razones fundamentales: comer pescado fresco, volver a Agaete, y mi abuela, la agaetera más simpática y fiestera que he conocido, que estaría encantada de leer este artículo. Yo también lo estoy de escribirlo en honor.

Verónica Martín León

@veromarland

El Cápita
Calle Nuestra Señora de las Nieves
Puerto de Agaete
928554142

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