Makika: un romance bajo la lluvia

(Artículo mío publicado originariamente en una revista, como este artículo ya no aparece en dicha revista, lo publico en mi blog)

Mi romance con Makika empezó un lluvioso día de Otoño lagunero. Estaba haciendo un descanso en el horario laboral y había decidido ir a esta nueva pastelería que me habían recomendado. Llovía a raudales y dudé si acudir, porque sabía que tenían por terraza un patio interior al aire libre. Pero se me había metido la idea de ir y ya estaba a medio camino.Cuando llegué la entrada estaba techada, pero la escena a partir de ahí es un recuerdo que se me quedó grabado: un patio interior lleno de mesas repletas de clientes, bajo unos toldos que las cubrían y que soportaban el peso de una lluvia con ganas. Las telas sobre las mesas resistían estoicamente el peso del agua, que formaba bolsas de lluvia aquí y allá. Lo que me llamó la atención fue que los clientes, aparte de llenar la terraza en esas condiciones meteorológicas, hablaban y reían como si no se percataran de los toldos heroicos y del agua que caía a cascadas pequeñas por los laterales de los mismos. Me quedé pasmada. ¿ Qué menú mágico servían en aquel lugar para que toda esa gente prefiriera estar allí así que en otro sitio a resguardo? Tenía que averiguarlo.

Me senté en la única silla que vi libre. Estaba pegada al final de la tela de un toldo y a un metro de mí caía agua como si alguien regara las plantas desde arriba. El chico que me atendió sonreía muy amablemente y estaba tranquilo y era atento, como si no se estuviera empapando cada vez que iba del mostrador a la terraza. Seguía fascinada por la escena de la que ahora yo también era parte del elenco. Pedí al camarero alguna recomendación dulce, tras algo salado, porque sabía que la pastelería es el punto fuerte de Makika. De hecho, tienen el obrador detrás del mostrador y puedes ver hasta amasadoras funcionando y a los pasteleros, elaborando. Me trajeron un dulce que se comía con la vista: Rouge. Llevaba chocolate, almendras, mousse de yogurt y frutos rojos. El rojo prenavideño del dulce me avisaba que Makika era un sitio adictivo para los golosos. Elegancia y sabor es una combinación complicada, pero el Rouge la tenía. Días después encargué para Navidad un roscón. Me sorprendió lo suave que era, se notaba mucho que no era industrial.

Makika es un lugar al que siempre quiero volver y doy la lata a los amigos cuando estoy en La Laguna para pasar por allí. Está en pleno centro de la ciudad, en un edificio antiguo, y el patio interior es muy bonito, con lluvia y sin ella.
Recientemente, como comenté en otro artículo, han adquirido el café colombiano y tostado en La Palma de El café de don Manuel, que es de gran calidad. Me muero por probarlo.

A Ingrid Bergman siempre le quedaría París en la película Casablanca, a mí me quedarán siempre sitios como Makika, porque, a veces, no sólo te enamoras de personas, sino de terrazas y dulces glamurosos en tardes lluviosas.

Verónica Martín León

@veromarland

Makika & Co.
Calle San Juan, 15
38204, La Laguna
922 891830

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